Aquellos que me conocen ya estarían echando en falta este post: La oda al Camembert. Todos saben que soy la única persona relativamente cuerda a la que le apasiona este queso desde que tiene memoria… y me acuerdo de cosas de cuando tenía tres años. En general soy un gran aficionado al queso —que con el vino es uno de los mejores inventos de la humanidad y si no que venga alguien a discutírmelo— y dentro del mundo de los quesos el Camembert es el rey.
Se trata de un queso cremoso, con más del 40% de grasa, originario de Normandía. Parece que es una evolución del Brie desarrollada por Marie Harel durante la Revolución Francesa. Hoy en día es uno de los quesos más populares del país galo por todo el mundo. El problema es que hay que buscar bien, sobre todo fuera de Francia, para encontrar buenos representantes. Su popularidad ha conducido a su excesiva comercialización y con ello a la pérdida de calidad. Es fundamental que busquéis camemberts en los que diga elaborados 100% con leche cruda —Lait cru en francés— ya que ahí radica la diferencia fundamental. En Madrid podréis encontrar buenos camemberts en La Boulette, en el mercado de la Paz; en Robleño, en el mercado de Diego de León; o en Poncelet, en la calle Argensola, 27.
Para disfrutarlo lo mejor es untarlo solo en una buena rebanada de pan —un buen pan por favor—, olerlo y disfrutar de su “apestosidad “y dejar que invada la boca con su tacto suave y su fuerte sabor, es mágico. Otras formas de consumirlo, aunque más complicadas de elaborar y, posiblemente, menos gustosas, pueden ser empanarlo y freírlo; derretirlo en una fondue; ponerlo en una pizza… En todo caso es uno de los productos que más me hacen disfrutar y cuando es bueno es sencillamente sublime.
¡¡¡ A disfrutar amigos!!!

Suscribo una a una tus palabras, qué delicia el camembert! En casa nos encanta, a todos, también a Lisa!
Cada vez me cae mejor ese perro