Hace unas semanas tuve el privilegio de cenar en DiverXO. Este restaurante capitaneado desde los fogones por el joven David Muñoz se ha convertido desde hace unos años en una de las referencias culinarias de la capital. Ya era hora de que el Enopitecus se pudiera pasar por allí para catarlo, ¿no?
No es fácil contar los platos. Y hacerlo destrozaría en cierta manera la sorpresa a aquellos que nos hayáis ido. Pero algo tendré que decir, digo yo…
La experiencia empieza al llegar al local. Se entra por un moderno salón/bar con sofás negros bajos y mucha amplitud, desde el que se vislumbra la cocina. Unos serviciales y modernos camareros —a ciertas personas les molesta que te hablen de tú, pero este restaurante es distinto y necesitas cierta cercanía con los camareros— te acompañan a tu mesa donde una ligera escultura te da la bienvenida con unos papelitos que describen las sensaciones que se van a sentir con la comida. La carta se reduce a tres posibilidades: Menú Express, Menú Degustación y menú DiverXO. El primero con seis platos, el segundo con nueve y el último con doce. Nos decantamos por el segundo —e hicimos bien porque salimos ahítos— que acompañamos, recomendación del sumiller mediante, con una botella de Champagne Bollinger Cuvée Speciale muy suave y aromático, cuyo precio además no estaba nada hinchado.
No creo que importe si cuento el “aperitivo”, que permanece en la mesa durante todo el menú, ya que mucha gente ha hablado ya de él: se trata de unas habas de soja con su vaina, que hay que comerse sacando las pipas en la boca, después de mojarlas en un ají amarillo ligeramente picante. Sencillamente riquísimas. Se comen como pipas y dan ganas de hacerlas en casa para de ver una buena peli y no parar hasta los títulos de crédito. ¿Se podrán llevar al cine en vez de palomitas? Habrá que estudiarlo…
Todo lo que viene después cambia según la temporada. Sí se puede decir que se trata de fusiones de mar y montaña a lo moderno; de Europa, Asia y América; de picantes, ácidos, dulces, amargos, salados e incluso umanis de esos. Los dim sum son la especialidad, pero os aviso que estos no los habéis probado… ni imaginado.
Vamos que me ha gustado el restaurante, no cabe duda. Una experiencia que merece mucho la pena y un orgullo que un restaurante como este esté en Madrid. Tiene más que merecido ese segundo cuerpo estelar que le ha dado el gordo de los neumáticos. Eso sí, hay que reservar con un mes de antelación —ni más ni menos— y por internet que funciona muy bien.
¡Que disfrutéis!
Calificaciones:
Calidad de la comida: 20/20. La segunda matrícula de honor, con la del restaurante Arce, que no tiene nada que ver, que damos en el Enopitecus. Sin duda excelente calidad con una preparación única en su especie.
Servicio: 18/20. Un gran número de camareros que atienden sin agobiar y, sobre todo, te explican lo que estás comiendo, antes o después de hacerlo.
Diseño: 19/20. Moderno, en tonos grises, con muchos detalles de diseño y con gusto.
Ambiente: 18/20. Amplitud, cierta privacidad, gente de todo tipo.
Carta de vinos: 17/20. Completa y equilibrada, con buenas referencias sobre todo en espumosos. Los precios poco hinchados, lo que se agradece siempre.
Calidad precio: 18/20. Sin duda una experiencia cara, 150 € más o menos por barba, pero pagas algo muy diferente, con mucha imaginación, que sería difícil probar en otro lado.
Nota final: 18,5/20
DiverXO
Calle Pensamiento, 28
28020, Madrid
Madrid
Tlf. 915 700 766


