Dinastía Vivanco: Bodega moderna e historia del vino
No hay nada como empezar por el principio. Y como Dinastía Vivanco fue la primera visita que hicimos, le toca ser la primera bodega reseñada en este reportaje sobre Rioja. Además, sin duda, es una magnífica introducción para todos los que os propongáis viajar a Rioja con intenciones enológicas, tanto si sois grandes conocedores del mundo del vino como si estáis empezando a disfrutarlo.
Debajo y al este del pueblo de Briones ─recomiendo comerse unos pinchos en su plaza─, se encuentra el enorme complejo que alberga la bodega, el museo, el centro de interpretación, viñedos, el restaurante… que conforman Dinastía Vivanco. Los edificios modernos reflejan su juventud y espíritu innovador ─un poco faraónico todo sea dicho─. Tras dejar el coche en el enorme aparcamiento, nos dirigimos a la recepción, donde nos atendieron de forma muy agradable y con eficacia, y nos proporcionaron un planito para situarnos en el complejo con su wine bar, restaurante, tienda, museo y bodega.
Historia de Dinastía Vivanco, cuatro generaciones enamoradas del vino
Por mucho que mi actual pasión me lleve por los campos de la gastronomía y de los frutos de la enología, soy historiador, por eso me es imposible no contar algo de la historia de las bodegas y de los hombres que las fundaron y mantienen hoy. Lo siento pero se lo debo a Herodoto.
La bodega y todo el complejo al que hoy podemos acercarnos es muy joven, un niño que empieza a andar entre las centenarias bodegas riojanas, ya que nació en 2004, no hace ni diez años. Pero la primera palabra que compone esta marca nos da una pista importante: dinastía. La relación de la familia Vivanco con el vino nace en 1915, cuando el primer Pedro Vivanco empezó a elaborar vino de sus propios viñedos. El negocio creció y continuó con su hijo Santiago, que trasladó las instalaciones a Logroño. En 1946 nació el segundo Pedro Vivanco, el actual presidente, que con el tiempo, tras estudiar y formarse en el mundo del vino, dinamizaría las bodegas mientras se convertía en un bodeguero reconocido en Rioja y, sobre todo, en un gran coleccionista de todo aquello relacionado con el vino. En 1990 empezó su proyecto más ambicioso: Bodegas Dinastía Vivanco, en unos terrenos que compró cerca de Briones, con la idea ya de fundar un museo sobre el vino.
En junio de 2004 el rey inauguró el museo y empezó la andadura de Dinastía Vivanco de la mano de Pedro y sus dos hijos: Santiago, director general del museo, y Rafael, el enólogo. Ellos forman la cuarta generación de esta familia dedicada a Rioja y el vino.
Guiados de la mano experta de Iván, un grupo de unas 20 personas bajamos a la bodega. Nunca mejor dicho, ya que el vino se elabora, se cría y se guarda en unas modernas y subterráneas instalaciones. Antes de bajar desde el templete de entrada a la planta de elaboración, el guía nos mostró las 12 hectáreas de viñedo que rodean el complejo, una pequeña muestra de las 300 que posee la familia en Haro, Briones, Tudelilla y Villamediana, en las que encontraremos las uvas más propias de la región: Tempranillo, Mazuelo, Garnacha, Graciano, Viura y Malvasía riojana. En el caso de las uvas tintas, la producción media por hectárea es de 5.500 kilos, algo por debajo del máximo aceptado por la denominación de origen ─os recuerdo que estas producciones limitadas se buscan, a través de la poda invernal, para aumentar la concentración y la calidad de la uva a costa de su cantidad─. La vendimia se realiza de forma manual en cajas de diez kilos para evitar que la uva sufra y con ello pudieran empezar procesos no deseados ni controlados.
Entramos en la nave subterránea de elaboración. En ella, emergiendo de la semioscuridad, dominan cuatro conjuntos de grandes tinos de madera de roble francés en los que se realiza, por separado según la variedad de uva, la fermentación con temperaturas controladas. En el caso del blanco y del rosado la fermentación se lleva a cabo en depósitos de acero inoxidable. También vimos la cinta y la mesa de selección manual de los racimos que, tras ser recogidos, pasan 24 horas en una sala de frío donde se baja su temperatura a 3 grados, para permitir una maceración en frío con la intención de incrementar los aromas propios de las uvas. Tras la selección, las uvas se despalillan y se estrujan ligeramente para, por gravedad, llevarlas a los tinos de madera, en el caso de los tintos, y a los depósitos de acero, en el caso de los blancos y rosados ─estos, obviamente, con sus ligeras maceraciones, sangrados y prensados.
En el caso de los tintos ─que realmente es lo que más nos enseñaron─, se dejan la pulpa y el hollejo macerar en frío, a unos 4 grados, para que las levaduras se estén tranquilitas y no empiece la fermentación antes de tiempo. En el momento adecuado, se eleva la temperatura a más de 24 grados para empezar la fermentación alcohólica. Aquí todo cambia dependiendo del vino… lo veremos más adelante.
Después pasamos a la sala donde se realiza la fermentación maloláctica y la crianza de los vinos de la colección, de los que ellos llaman de garaje, que se hace exclusivamente en barricas de roble francés nuevas. Estos vinos están elaborados con los frutos de los viñedos más viejos de la familia y solo se producen 12.000 botellas. Para el resto de los vinos existe otra enorme y octogonal sala en la que se realiza, en barricas de roble americano ─la mayoría─ y francés, la crianza del crianza y del reserva. Estas barricas alcanzan como máximo cuatro años de edad, es decir cada año se renuevan un 25%. Impresionante la sala octogonal, ya que por procesos físicos logrados por la ingeniería se consigue por medios naturales mantener la temperatura constante, sea verano o invierno, nieve o caiga un sol de justicia.
Lo más moderno de la informática, control enológico e incluso ingeniería se junta con la tradición de tinos de madera, vendimias manuales, bazuqueos manuales…
Los vinos
Paciencia tenéis con este pobre y pesado primate amante del vino que os cuenta historias interminables antes de llegar a lo más importante: el vino.
De Dinastía Vivanco salen ocho vinos distintos y el del club especial para los socios. Estos ocho vinos ─degustamos el crianza y el reserva, además del vino del club─ son:
- El rosado, coupage de 85% Tempranillo y 15% Garnacha. Elaborado por medio del sangrado tradicional sin ningún tipo de crianza. Es decir, hoy tendríamos que beber el de 2011.
- El blanco de Viura y Malvasía, fruto del ensamblaje de un 80% de la primera uva y un 20% de la segunda ─ojo, Malvasía riojana y no canaria─. Permanece un corto tiempo con sus lías y ha fermentado a una temperatura de no más de 15 grados. También hay que beber el del año anterior al que estemos.
- El crianza, un varietal 100% Tempranillo cuya maceración y fermentación (alcohólica y maloláctica) se realizan en tinos de roble cien por cien francés. Posteriormente se cría durante 16 meses en barricas de roble americano (70%) y francés (30%), con trasiegas periódicas, y permanece 6 meses en botella dentro de la bodega. Un vino refrescante, un poco ligero pero con un magnífico precio en mercado.
- El reserva, 90% Tempranillo y 10% Graciano. También macera y fermenta en tinos de roble francés, con ligeros remontados cada poco tiempo. Permanece 24 meses en barricas de roble mitad americano y mitad francés, con trasiegas semestrales y algo más de dos años en botella dentro de la bodega. Un vino con más cuerpo, que no ha perdido la fructuosidad pero que ha ganado en cuerpo. También a un precio muy competitivo.
Los cuatro siguientes son los que forman la colección Vivanco:
- Parcelas de Garnacha. Un varietal 100% Garnacha que se macera y hace la fermentación alcohólica en tinos de madera, pero cuya fermentación maloláctica se hace en barricas de roble francés y americano nuevas con una crianza posterior de 18 meses, sin trasiegas, con sus lías. Se realizan batônnages ─removidos─ periódicos, pero no trasiegas. Solo se producen algo más de 3.000 botellas.
- Parcelas de Mazuelo. Un varietal 100% Mazuelo cuya elaboración es parecida al del anterior, solo que exclusivamente en barricas de roble francés nuevas, y la crianza es de 14 meses. Solo se producen algo menos de 2.500 botellas al año.
- Parcelas de Graciano. Un varietal 100% Graciano con elaboración igual que la del Mazuelo salvo que con crianza de 18 meses. Se elaboran algo más de 3.500 botellas anuales.
- Cuatro varietales. Un coupage de las mejores uvas de Tempranillo 70%, Graciano 15%, Garnacha 10% y Mazuelo 5%. Las cuatro variedades provienen de las vides que rodean el complejo y su vinificación se hace por separado. La crianza, en barricas de roble francés nuevas, también se hace por separado durante 20 meses y no se realiza el coupage hasta el embotellado. Se producen casi 10.500 botellas.
Algún día tendremos que hacer una cata de estos vinos. Los he probado todos, menos el blanco y el rosado. El crianza y el reserva son dos buenas apuestas a muy buen precio, que en restauración tampoco hinchan mucho. La colección Vivanco es sumamente interesante, sobre todo los tres primeros, ya que con esas variedades de uva es muy difícil beber un vino varietal. Merece la pena probarlos. Todos se presentan en la botella típica de Dinastía Vivanco, en la que se aúna historia, diseño y modernidad. Sin duda un 10 a la presentación.
Avisamos al principio ─o no─, este post es largo porque, además de la bodega, Dinastía Vivanco tiene el mejor museo privado sobre el vino que existe en el mundo ─si me equivoco por lo menos seguro que lo es de España─. En un espacio de casi una hectárea, encontramos lo que la familia Vivanco califica como Devolver al vino, lo que el vino nos ha dado. Por este museo creo que Dinastía Vivanco debería ser la primera parada de cualquier aficionado que esté de viaje por Rioja, ya sea profesional o, sencillamente, sienta curiosidad por el vino.
La exposición es un viaje por el mundo del vino y su historia:
- En primer lugar, se presenta todo el proceso del cultivo de la vid y de la elaboración del vino, incluida su historia de más de 8.000 años.
- Seguimos con el espacio que llaman Guardar las esencias, en el que nos transportan al mundo de la conservación, transporte y guarda del vino, y se muestra el trabajo de toneleros, vidrieros y corcheros, con piezas modernas y una gran colección histórica (por ejemplo, es uno de los mejores sitios para entender la barrica y las diferencias entre el roble americano y el francés).
- El siguiente espacio se centra en la bodega, con maquinaria antigua y moderna de trasiegos, filtrados, transporte… Cuenta además con un buen rincón de aromas.
- Sigue una planta de arte con piezas que van desde Egipto a grabados de Picasso, pasando por la Edad Media, el Renacimiento, el Barroco…
- Termina con una impresionante colección de más de 3.000 abridores de toda época y modelo, además de decantadores, copas, tazas…, que también abarcan desde la Antigüedad a la actualidad.
- Finalmente, en el exterior está el Jardín de Baco, una parcela de 6.000 metros cuadrados con 222 variedades diferentes de vid.
Una colección ampelográfica sencillamente impresionante. A todo esto hay que añadir la fundación Dinastía Vivanco, que se ocupa del estudio y conservación de todo aquello relacionado con el vino.
Conclusión
Ya lo he dicho antes, en cualquier viaje a Rioja, sobre todo si vamos de enoturismo, este complejo impresionante de Dinastía Vivanco es el mejor lugar por el que empezar. Su museo es una introducción bárbara. Es una magnífica forma de empezar para luego comprender mucho mejor el resto de bodegas que visitemos o, sencillamente, para disfrutar más del vino que bebamos. La bodega merece también la pena; sin olvidar los vinos, que son un conseguido equilibrio entre tradición y modernidad a precios muy competitivos.
Dinastía Vivanco
Ctra. Nacional 232, km 442. 26330 Briones
La Rioja
Os dejo alguna foto más.
¡Qué disfrutéis!






